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¿Conoces tu verdadera identidad sexual? Expresa lo que eres y disfruta sin juicios morales

Durante el tiempo que llevo dedicándome a ayudar a las personas a disfrutar más de su sexualidad y a potenciar sus relaciones, me he dado cuenta de que durante mucho tiempo a la mujer no se le ha preguntado nunca que piensa y qué siente acerca del sexo, y cuando lo hemos hecho, siempre lo hemos hecho formulando las preguntas erróneas, lanzándonos a la búsqueda de respuestas según las “normas sociales establecidas”, por lo que siempre hemos acabado diciéndole a la mujer, que debía sentir en vez de preguntarla qué es lo que siente en realidad. Claramente, la sexualidad femenina se ha considerado, esencialmente, como una respuesta a la sexualidad masculina y al coito.

Dejando a un lado la influencia machista que tanto daño a causado a las relaciones sexuales, en general, represión y conformismo sobre unas normas sociales absurdas y poco naturales nos han convertido en robots que practican un sexo casi automático, reprimiendo necesidades e instintos naturales para acabar haciendo lo que se supone que se ha de hacer y de la manera que supuestamente creemos que se ha de hacer (ya que nunca nadie nos ha enseñado). Si vivimos en una sociedad con un nivel de hipocresía bastante elevado en conceptos básicos , en lo que a vida sexual se refiere es mucho más preocupante.

La auténtica represión es la experiencial

Estas que te muestro a continuación son algunas de las inquietudes de muchas personas que temen por su sexualidad. Sería bueno que intentaras ver tu actitud ante ellas:

¿Es malo tener sexo por el simple placer de sentirlo?

¿Es malo para la salud de la pareja la masturbación a solas?

¿Tengo problemas psicológicos si, para excitarme, veo películas porno?

Me gusta que me peguen cuando tengo relaciones sexuales ¿Estoy por ello mal de la cabeza?

Siento un enorme placer al besar el ano de mi pareja sexual, ¿es normal?

Me encantan todas las mujeres, ¿soy un mujeriego?

Me encantan todos los hombres, ¿soy una ninfómana?

No siento placer cuando me penetra mi pareja, ¿tengo que decírselo?

¿Cuantas veces puedo llegar al orgasmo sin poner en riesgo mi salud?

Si practico el sexo en grupo, ¿pasa algo?

Si me gustan tanto los hombres como las mujeres, ¿soy una persona viciosa?

 

A lo largo de estos días iré respondiendo una por una a todas estas cuestiones a través de mis redes sociales, pero mi intención es que por ti mismo/misma, te respondas según tu propio criterio.

En el fondo nos gusta que nos digan como debemos ser

Parte de los problemas sexuales que las personas dicen tener es que se comparan y quieren sentirse bien o mal en función de si la mayoría hace lo que ellos hacen. Llamamos correcto a aquello que hace la mayoría, y lo que hacen minorías lo denominamos incorrecto o “raro”, lo cual no tiene por qué ser así. En cuestiones sexuales no es cuestión de mayoría ni de minoría, sino de entendernos a nosotros mismos, lo que en ocasiones no resulta nada fácil. Y la dificultad la da sencillamente la falta de costumbre.

A muchas personas les gusta tener una autoridad, alguien que les diga lo que está bien o está mal, necesitan sentirse bien a partir de que alguien les diga lo que es correcto o incorrecto. De hecho, pienso que asumir la propia responsabilidad en cuanto a tomar decisiones (sexuales y en general) es una de las carencias psicológicas más profundas de los seres humanos en nuestra cultura. En el fondo nos encanta que nos digan lo que tenemos que pensar, sentir o hacer para evitar el riesgo de equivocarnos, y esto provoca una permanente desconexión con nosotros mismos y una alienación a veces peligrosa.

Nos escondemos tras la máscara de la aparente normalidad

Hablemos de ti

La sexualidad es algo que te enfrenta contigo al cien por cien. Nadie vive dentro de ti, sólo tú puedes aclararte al respecto. Nadie siente lo que tú, así que es tu responsabilidad enterarte de lo que se cocina dentro de tu persona: el sexo nos lleva a sentir necesidades personales, a ponerle nombre a las mismas, a buscar mecanismos para satisfacer esas necesidades, y ello implica que has de elegir entre satisfacerlas o no: o investigas contigo mismo/a y obtienes la experiencia, o puedes elegir ver cómo pasa la vida ante ti sin intervenir. No existen dos personas que sexualmente sean iguales, pero el hecho de que las vivencias sean personales e intransferibles no quita que se puedan establecer coincidencias con alguien en un momento o en muchos momentos.

Para mi, la base de la vivencia sexual es la apertura a la experiencia. Es como aprender a caminar, que te caes y te vuelves a levantar. No hay respuestas si no actúas, si no te equivocas, si no te expones a hacerlo con resultados buenos o malos para ti, pero las respuestas vienen de pasar a la experimentación, a la acción. Yo intento experimentar todo aquello que me llama la atención, no solo en el sexo, sino en otros muchos aspectos de mi vida y luego decido que me gusta, que no y voy descubriendo poco a poco quien soy y como soy. No sigo las normas de conducta que considero absurdas o que están zombificadas, y tú deberías hacer lo mismo. Abre tu mente a disfrutar y a descubrir nuevos horizontes. Las cosas no siempre son como nos han contado que son.

Olvídate de las tendencias sociales y lánzate a la búsqueda de tu propia verdad.

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